El eco de la resiliencia en la voz de Bengie Rivera
Por: Sindialis Albaladejo Fuentes, Natalia A. González Mercado y Jennifer D. Correa Fuentes
Bengie Rivera nació con focomelia, una condición congénita que causa malformaciones en las extremidades. En su caso, nació sin manos y con deformidades en los pies. Sin embargo, nunca se sintió diferente. Pero esa percepción comenzó a fracturarse en la escuela intermedia, cuando las miradas y los silencios incómodos empezaron a pesar. Las malformaciones en su cuerpo dieron pie al acoso.


Las burlas llegaron poco a poco, cada vez más intensas y más frecuentes, erosionando la confianza que Bengie traía desde su hogar. A pesar de que respondía con risas o chistes, por dentro se sentía incómodo.
“No es gracioso que te pongan sobrenombres. No es gracioso que, tal vez delante de una chica que te gusta, te pongan un apodo feo y tú tengas que hacerte el gracioso. Es incómodo”
Con el tiempo, Bengie observó las dinámicas a su alrededor y tomó una decisión: “Diantre, pero este tipo se está riendo de mí, todo el mundo se ríe, la gente lo aplaude. Ah, pues yo voy a hacer lo mismo. Y comencé a hacerlo y empezó a dar resultados.”
A costa de su autenticidad, construyó una coraza. Comenzó a devolver las burlas. Usó su carácter fuerte y su voz como armadura. “En la intermedia utilicé el método de convertirme en alguien popular por aceptación. Empecé sufriendo bullying en los primeros meses y después comencé yo a hacer bullying. Sí, desafortunadamente lo fui para ser popular”, confesó Bengie. Pero, en el fondo, solo quería ser visto más allá de su discapacidad. Quería ser reconocido por lo que era, no por lo que le faltaba.
Detrás de esa fachada, el verdadero Bengie se escondía. La popularidad no llenaba el vacío que dejaban las burlas, ni apagaba el eco de la inseguridad. Su verdadero refugio estaba en la música. En su cuarto, lejos del ruido del mundo, se encerraba a escribir, producir y crear pistas. “En mi casa tuve un hogar bien bonito. Era mi refugio”, explicó.
A medida que el tiempo pasaba, Bengie continuó sumergiéndose en el mundo de la música. Era allí donde canalizaba la frustración que le provocaban sus limitaciones físicas y el sentimiento de exclusión. Recuerda con dolor aquellos momentos en los que veía a sus compañeros subirse emocionados a sus autos para salir a comer o janguear, mientras él se quedaba atrás. “Ver cómo todos se montaban emocionados y yo quedarme… era bien destrozante”, confesó.
Adentrándose aún más en este mundo, decidió estudiar ingeniería de sonido en la universidad. Fue entonces cuando comenzó una nueva etapa en su vida, marcada por la presencia constante y transformadora de su padre, Benjamín Rivera Rodríguez.
Su papá se convirtió en su principal apoyo, no solo físico, sino emocional. A sus 65 años, se levantaba a las cuatro de la mañana para ayudarlo a bañarse antes de llevarlo a clases. No tenían recursos para una guagua adaptada con una rampa eléctrica, así que improvisaron un sistema casero.
“Era mucho trabajo para él… Sacar la plancha de la rampa. Yo bajarme en el asiento del pasajero, él sacar la silla, subirla, guardar la plancha de nuevo, irnos”, narró Bengie. A veces era un proceso que repetían cuatro o cinco veces en un solo día.
Pero más allá del esfuerzo físico, lo más valioso fue lo que su padre sembró en su interior: seguridad, autoestima, confianza. Incluso sin comprender del todo sus aspiraciones, lo apoyó incondicionalmente.


“Papi, voy a ser locutor de comerciales, ¿qué padre entiende eso? Está difícil”, relató Bengie, sobre el momento en que le contó a su padre acerca de sus aspiraciones. Sin embargo, su padre, aunque no comprendía del todo ese mundo, nunca se apartó. “Él se sentaba a escuchar mis locuciones, se sentaba a escuchar las pistas que yo hacía antes”, recordó Bengie. A pesar de los recursos limitados, lo acompañaba y apoyaba, llevándolo a emisoras de radio y agencias de publicidad.
“Mi papá siempre me decía que estaba orgulloso de mí. Siempre” -Bengie
Fue esa relación la que lo ayudó a descubrir que sus capacidades y valor no dependían de cómo lo miraban los demás, sino de cómo se veía él mismo. “Una vez uno se percata de la importancia de creer en uno, de tener una buena autoestima… comienzan a llegar las cosas que tú jamás creías que iban a llegar”, aseguró el locutor.
Aunque fue a través de un trabajo universitario que Bengie eligió formalmente la locución como carrera, su pasión por ella había estado presente desde mucho antes. Era una pasión silenciosa, casi subliminal, que lo acompañaba desde la infancia.
Bengie recuerda con claridad cómo, desde pequeño, ya mostraba una inclinación natural hacia el mundo de la comunicación. Rememora con nostalgia su infancia: “Narraba carreras de caballos, imitaba a los reporteros, me quedaba pegado viendo los anuncios, me memorizaba todos los jingles. Y recuerdo una niñez donde yo disfrutaba demasiado ver la televisión por los anuncios y por los comerciales… Pero no entendía que era una profesión”, aseguró.
Fue en la universidad donde esa pasión comenzó a tomar forma y a definirse con claridad. Durante una clase, le asignaron la tarea de crear un anuncio comercial desde cero y él se encargó de la locución. Cuando su profesor escuchó el resultado, le comentó que tenía talento y que podía dedicarse profesionalmente a eso. Bengie lo recuerda así: “Desde ese entonces, empecé a… tomarlo más en serio, a educarme más cómo adentrarme en la profesión de la locución, los comerciales y demás.”

Entrar al mundo laboral no fue un camino fácil para Bengie. Su condición le presentó obstáculos que iban más allá del talento: las oportunidades eran escasas y, muchas veces, los espacios físicos no eran accesibles. “Yo tuve que enviar básicamente todas mis demos por e-mail, porque no podía presentarme físicamente a una agencia. La mayoría no tienen ascensor o están en alguna oficina en Santurce o en San Juan, donde no hay elevadores”, recuerda.
Buscando apoyo, acudió a una organización que ayudaba a personas con impedimentos a conseguir empleo. Pero la respuesta que recibió fue desalentadora. Le dijeron que, por la naturaleza de su trabajo, debía valerse por sí mismo. “Mira, la realidad es que dentro de lo que tú haces, nosotros creemos que tú puedes buscar tus propias oportunidades, nosotros no conocemos a nadie ni nada”, le comentaron.

Al llegar a su casa, vio a su padre hojeando el periódico, como solía hacer. Se le acercó y le dijo, “papi, dame el periódico, voy a buscar en los clasificados”. Comenzó a llamar a concesionarios de autos, con la esperanza de conseguir una oportunidad como locutor. “Empecé como a las 9 de la mañana, eran las 4 de la tarde”, recuerda. Había contactado a 28 concesionarios sin suerte, pero no se rindió. Cuando solo le faltaban cuatro por llamar, dio con el número 29. Esta vez, le pidieron que enviara sus demos y, tras escucharlos, le enviaron un guión para grabar un anuncio que saldría al aire al día siguiente.
Al otro día, Bengie recibió una llamada de la agencia para reunirse con la persona que le había dado esa oportunidad. Tras realizar el trabajo con rapidez y producirlo él mismo, recibió una oferta formal. En la llamada le dijeron: “Esto no se encuentra mucho, yo quiero darte trabajo”.
Apenas un día después de haber grabado el comercial, ya escuchaba su voz en la radio. Tan solo un mes más tarde, “llegué a estar trabajando para 11 dealers diferentes en todo Puerto Rico, a la misma vez” recordó. Una señal clara de que su talento comenzaba a abrirle puertas, incluso en un mundo que no parecía diseñado para él.
Finalmente estaba siendo reconocido por su talento. Sin embargo, incluso en medio de esa alegría, se topó con una realidad. “Cuando me di cuenta que de un solo anuncio no podía vivir, pues tuve que volver a comenzar a chocar con la pared”, compartió.
La decisión de Bengie de convertirse en locutor no había sido únicamente fruto de una pasión por la locución, sino también una forma de escape. A lo largo de su vida, había enfrentado múltiples obstáculos para acceder al mundo laboral, y cada rechazo fue marcando su camino. “Lo vi como un escape dentro de tantas negaciones a empleos regulares que yo busqué. Siempre busqué trabajar en algún lugar, siempre quise independizarme. Y me denegaron tantas veces trabajo en tantos sitios que dije, pues, déjame explotar esta habilidad, este talento que tengo”.
Sin embargo, a medida que continuaba adentrándose en el mundo de los medios, se encontró con que, a pesar de que su voz tenía fuerza, los prejuicios también eran fuertes. Incluso cuando no estaba frente a una cámara, en ocasiones su discapacidad seguía siendo motivo de exclusión. La necesidad constante de demostrar su capacidad ante los ojos de los demás, en ocasiones era y continúa siendo una lucha. “Creo que el mismo aspecto de tener que estar constantemente demostrándole a la gente de que uno puede. Yo creo que esa es una de las cosas más difíciles de vivir con una condición”, reflexionó Bengie.


No obstante, a pesar de todos los desafíos que enfrentó, Bengie nunca se dio por vencido. En los momentos más duros, cuando dudaba de sí mismo o sentía que no encajaba en el mundo del que deseaba ser parte, siempre había una voz que lo sostenía desde el fondo de su memoria; la de su padre. Su apoyo nunca disminuyó, y sus palabras se convirtieron en un ancla en tiempos de incertidumbre.
Recordaba con claridad aquellas veces en que su padre le decía lo orgulloso que estaba de él, “como muchas veces me dijo que yo era capaz, que estaba orgulloso de mí”. De igual manera, su padre le dio la confianza que necesitaba para creer en su talento. “Mi papá me ayudó a confiar en que yo era bueno en lo que yo hacía”, aseguró.
Esa seguridad, cultivada a lo largo de los años, fue la que le dio el impulso para transformar su propósito. Entendió que su valor no dependía de la aceptación ajena, sino de lo que podía aportar desde su experiencia. Con esa confianza, Bengie tomó la decisión de usar su presencia en los medios para dar visibilidad a la comunidad con diversidad funcional, convirtiéndose en voz y ejemplo para quienes han vivido situaciones similares.



Bengie ha aceptado que siempre deberá seguir demostrando su capacidad. “Siempre digo que nosotros pagamos el doble y hasta el triple, porque tenemos que demostrar demasiadas veces que podemos. Y eso será así para toda la vida, ya yo me casé con eso”, confesó el locutor.
Hoy, Bengie no solo trabaja en los medios, los usa como herramienta de cambio. Sabe que muchas personas atraviesan silenciosamente los mismos retos que él enfrentó, y por eso ha decidido ser la voz de quienes aún no son escuchados. “Me gusta mucho sentir que utilizo los medios de comunicación para aportar más a la sociedad, como labor social”, expresó.

Ha comprendido que los medios tienen poder y que su voz puede abrir puertas. Desde su rol, lucha por la inclusión, la diversidad y la representación real de comunidades invisibilizadas. “Dentro de mi rol en los medios, quiero que me vean como una persona que lucha por inclusión, diversidad. Y porque la gente tenga una sonrisa en su cara, motivación, deseos de salir adelante, todo eso. Visibilidad en las comunidades más vulnerables”, compartió.
Ya no es aquel joven que se escondía tras una coraza. Bengie ha descubierto que su mayor fortaleza está precisamente en mostrarse tal cual es. “A veces tú eres alguien que realmente no sientes ser y eres aceptado, pero no te sientes cómodo siendo esa persona quien eres. Y luego, cuando la gente ve quién verdaderamente eres, te das cuenta de que se encariñan más de lo que tú pensabas”, reflexionó.
Esa autenticidad lo acompaña frente a las cámaras, sin filtros ni disfraces.
“Yo quiero ser yo frente a un lente también. Sentado en mi silla, sin mis brazos, con todas las posibles dificultades que enfrento en el día a día, pero demostrando que puedo ser una persona auténtica tal y como soy.” -Bengie
Bengie ha hecho las paces con su historia. Desde esa reconciliación, expresa un amor profundo por la vida, incluso con todas sus dificultades. “Me siento bien lleno, me siento pleno. No quiero dejar este mundo, yo amo demasiado este mundo, amo demasiado esta vida… Y a veces la gente no lo entiende. Parezco loco, pero amo demasiado esta vida, de verdad, ¿sabes? Con todas las dificultades, con todas las cosas que he vivido, poder mirar al pasado y sonreírle, en vez de cuestionarle.”
“Creo que la plenitud en la vida se basa en hacer lo que te hace feliz y lo que llena tu corazón. Siempre y cuando eso te hace feliz y llena tu corazón, no le haga daño a otro”, expreso Rivera.
Y con la misma certeza con la que alguna vez marcó aquel número 29 en busca de una oportunidad, hoy afirma: “Me siento orgulloso. Me siento feliz. Me siento plenamente agradecido con la vida.”
Redacción: Sindialis Albaladejo Fuentes y Natalia A. González Mercado
Edición videos: Sindialis Albaladejo Fuentes, Natalia A. González Mercado y Jennifer D. Correa Fuentes
Videógrafa: Jennifer D. Correa Fuentes
Fuentes entrevistadas: Bengie Rivera
