Ricardo Núñez, un artista boricua que se atrevió a soñar en medio de la adversidad

Es imposible llegar al pueblo de Comerío sin notar las obras de arte que arropan los murales de la ciudad; desde estampas puertorriqueñas, hasta mensajes positivos que nos llevan a soñar. Y es que, detrás de cada una de esas obras hay un artista soñador, un artista que, a pesar de haberlo perdido todo, nunca perdió la esperanza de hacer su visión realidad. 

Uno de los tantos murales de Ricky en la ciudad de Comerío.

En el casco urbano del pequeño pueblo que se rodea de hermosas montañas, se encuentra la escuela de arte, Taller de Artes 4 Lunas. En ella, niños, jóvenes y adultos, pueden aprender del arte, desarrollar su creatividad y volar en un mundo rodeado de color. 

Pero detrás de esa escuela que trae tanta alegría a una comunidad, hay una historia llena de sacrificios.

Ricardo Núñez, también conocido como Cricky, en su escuela Taller Cuatro Lunas

Contando con casi 20 años de experiencia como artista, Ricardo, quien también es artesano certificado y maestro, se dedica a dar clases de arte en su escuela. Muchos lo conocen por su originalidad en la creación de artesanías con estampados boricuas y por sus mensajes de motivación. Otros, lo conocen por su compromiso y servicio comunitario. Y es que el artista, también conocido como Ricky o Cricky, ayuda a su comunidad a través del arte.

“Ricky ha aportado a que muchos comerieños y muchas personas crean en el arte y lo vean como una fuerza positiva, no solo para desarrollarse, sino que les sirve como vehículo para ser aptos para trabajar”, expresó Lizbelia Martínez, portavoz y miembro de la junta del Centro Cultural de Comerío Cirilo W. Meijers. “Ricardo Núñez es un comerieño enamorado de Comerío y su gente, y del arte, y sus valores, y ha aportado a esta, nuestra patria chica, que se enorgullece de tener una persona como él”, añadió la portavoz.

A sus ocho años, Ricardo emigró a New York con sus padres, quienes buscaban una mejor calidad de vida. Es en ese momento, cuando nació su amor por el arte. Mientras residía en la Gran Manzana, a Ricky le apasionaba conocer artistas urbanos; el joven se escapaba de la escuela para asistir a reuniones de artistas que pintaban en las calles, con ellos aprendía y, a su vez, le daban espacio para que participara de actividades artísticas.

Sus pasos en el arte comenzaron haciendo grafitis en las calles de New York.

“Como dijo Picasso, el arte es más fuerte que yo, siempre logra hacer lo que quiere de mí, y creo que eso fue lo que hizo el arte conmigo durante mi periodo de crecimiento; me acaparó, me enamoró”, aseguró Ricardo.

Luego, Nuñez comenzó a tomar clases de arte en un centro comunal que las ofrecía de manera gratuita. Fue entonces, cuando nació el sueño de trabajar como artista independiente, de tener su propio espacio para enseñar a otros y, a su vez, vivir del arte. Según el artista, ese sueño siempre estuvo ahí y, con el pasar de los años crecían más las ganas de verlo realizado.

De vuelta al archipiélago

Al regresar a Puerto Rico se encontró con la realidad de que no tenía acceso a las universidades que ofrecían bachilleratos en las Bellas Artes y decidió comenzar sus estudios universitarios en pedagogía.

Durante ese tiempo, trabajando en un supermercado, conoció a Ivonne Díaz, su esposa y madre de sus dos hijos, Evonny y Matías. 

“Ricardo me dejó saber que le gustaba el arte, que se quería dedicar a eso y que eso era su sueño” relató Ivonne, recordando ese primer día que conversaron.

Ricky continuó sus estudios en pedagogía, pero siempre estuvo presente el anhelo de dedicarse al arte y vivir de ello. 

Años más tarde, se certificó como pedagogo y comenzó a ejercer como maestro en el Departamento de Educación. Su relación con Ivonne se estableció y decidieron irse a vivir juntos. Sin embargo, Ricardo no tenía un empleo seguro y dependía de convocatorias de empleo para poder trabajar. Ese fue un periodo en donde ejercía en su profesión, pero no en su especialidad, lo que le producía cierto grado de insatisfacción.

Abandona el magisterio para alcanzar sus sueños

Ivonne lo acompañó y fue su apoyo en todo el proceso de la transición y reconoce que el arte salvó a Ricky.

En el 2009, Ivonne dio a luz a Evonny, la primera hija de la relación. El dinero comenzó a escasear, apenas tenían para comida y para los gastos del hogar. Ricardo, trabajando como maestro se sentía miserable y entendía que su talento se estaba desperdiciando. Por otro lado, el Departamento de Educación seguía haciendo cambios a su contrato, lo que generaba más estrés e insatisfacción. 

Ivonne reconocía que Ricardo estaba frustrado y aunque sabía que le apasionaba ser maestro, entendía que su situación estaba llevándolo a la miseria y a la depresión. 

“Yo tenía un carro que le debía al banco y el banco me lo fue a buscar. A mí me cortaron la luz y perdí toda mi compra, hasta la nevera no era mía, la nevera me la fue a buscar la mueblería. Yo perdí todo, prácticamente todo, yo quedé en cero”, narró el artista.

Sin comida, sin trabajo, con una bebé y con deudas, la angustia se apoderaba de la pareja. Ricardo narró cómo perdió todo.

Al quedarse sin trabajo, entendió que era el momento para lanzarse a buscar su sueño, era ese ahora o nunca. 

“Fue un riesgo que, obviamente no tenía otra opción, tenía que hacerlo, realmente era el momento de romper con todos los temores. Hubo muchos temores, pero mi mayor temor era la aceptación de mi esposa, que ella pudiera asimilar y pudiera aceptarlo.”

“Cuando sucede eso, le digo a mi esposa “Es el momento ya, voy a dejar el Departamento y me voy a tirar y lo vamos a lograr. Es momento ya de comenzar a vivir el sueño, si tu crees en mí, este este es el momento. Y creyó en mí”, relató Ricardo, recordando ese día en que tomó la decisión que cambiaría su vida.

“Él quería hacer su arte, pero nunca había trabajado por él solo y no sabía ni a dónde dirigirse. Él siempre ha pintado, pero no pintaba en madera, no sabía de madera, no sabía de máquinas. Él fue solito buscando información y se logró certificar, sin saber nosotros nada de ferias, de nada, solamente a tirarnos a aprender y arriesgándolo todo”, narró Ivonne recordando el día que Ricardo se certificó.

“Hubo miedo, preocupación, pero él siempre habló tan seguro de su sueño. Sí, había esa preocupación de cómo vendría el sustento, de que teníamos la bebé, nos habían quitado el carro, teníamos todo atrasado, pero no sé, siempre fui por él, siempre creí en él”, añadió.

Las dudas eran grandes, los riesgos inevitables, pero no había otra opción, Ricky tenía que arriesgarse. Era seguir el camino que lo dirigía a sus sueños o continuar siendo esclavo de una jornada en donde su espíritu creativo agonizaba.

Ricardo tenía conocimiento en el arte, pero nunca había tocado la madera y quería lanzarse como artesano. No solo estaba arriesgándose a un terrero difícil de dominar, sino que, se lanzaba a un mundo que desconocía.

“Yo no sabía nada, yo estaba totalmente ciego, lo que sí sabía fielmente, era hacia dónde iba, lo que yo quería, lo que yo anhelaba”.

“Esa hambre, esa sed que yo tenía era como un hambre de King Kong, era algo bien gigante lo que yo realmente sentía”. 

Ricardo Núñez

Al certificarse como artesano, Ricardo no perdió su tiempo; compró madera, pidió herramientas prestadas para cortarla, creó sus artesanías y asistió a su primer festival. La experiencia con el público fue tan gratificante que desde entonces no ha parado de pintar y crear.

Todo fue un proceso de aprendizaje y hubo muchos sacrificios.

Sin embargo, no todo fue color de rosa. Las burlas, las injusticias, también fueron parte de sus inicios en el mundo artístico. Pero nada, absolutamente nada, podía detenerlo o vencer ese ímpetu de alcanzar su sueño. Una vez comenzó a tocar la madera, no paró; visitaba todas las ferias de la isla y llevaba alegría con sus mensajes positivos. 

Con el tiempo pudo ubicarse entre los artistas que vendían sus artesanías en la Plaza de Armas en el Viejo San Juan, allí estuvo vendiendo sus piezas desde el 2011 hasta el 2013, pero con el cambio de gobierno, se eliminaron todas las actividades que llevaba en aquel lugar.

Al salir de Plaza de Armas, pasó a Plaza de Hostos. Allí expuso y vendió su arte por unos años, pero durante algún tiempo, fue catalogado como una amenaza política, ya que, sus trabajos llevan mensajes patrióticos y estampas alusivas a la puertorriqueñidad.

“No me afectó, me dio un poco de coraje, pero no me afectó porque la patria es sacrificio y esto te pasa cuando realmente uno lleva un mensaje orgánico de lo que realmente es nuestra historia, y decidí irme”.

Piezas de Ricardo en una feria artesanal.

Ricardo, asistía a todas las ferias artesanales de la isla, a eventos en universidades, a centros comerciales y a donde quiera que fuera invitado. Durante ese proceso, decidió, con mucho sacrificio, comenzar a ahorrar gran parte de sus ganancias del arte para poder obtener una libertad financiera. Ese sacrificio le permitió comprar su casa.

«Un día me dijo, “vamos a comprar la casa” y yo le decía, ¿cómo vamos a comprar la casa, dependemos del arte? Él me decía, “Vamos a comprar la casa y la voy a comprar sin préstamo”. Ahí yo dije, yo no creo que podamos hacer eso, y me dijo, “lo vamos a hacer, dame cuatro años”», relató la esposa del artista.

“Fueron cuatro años duros, pero compramos la casa simplemente con la artesanía, con el arte. La compramos cash, sin préstamo y sin nada”.

Ivonne Díaz

En el 2015, lograron realizar su boda añorada y al año siguiente, en el 2016, Ivonne dio a luz a su segundo hijo, Matías.

Ricardo no podía quejarse de la vida que llevaba, había sacrificado mucho, pero había logrado uno de sus sueños. Cuando no estaba en eventos o ferias, se dedicaba a trabajar sus piezas en un taller de trabajo que había construido detrás de su casita de madera. El olor a madera recién cortada perfumaba el aire y sus manos se teñían de los colores de la patria que tanto ama.

2017, Huracán María

Salieron de su casa con cuatro mudas de ropa a buscar refugio y nuevamente pierden todo.

Fueron días difíciles. Ricardo y su esposa lo perdieron todo. Al segundo día del paso del huracán María, Matías se enfermó y cayó en el hospital. El artista recuerda que al lado de su camilla había un cadáver sin reclamar. Con hambre, sin ropa y sin efectivo, así fueron sus primeros días después del paso de este evento atmosférico que superó en daños a cualquier otro registrado en la isla.

Los días pasaban y ante la angustia y el desespero, Ricardo se comunicó con su padre que reside en Nueva York. La intención era pedirle refugio en lo que se lograba restablecer, pero en ningún momento le explicó el propósito de la llamada, a lo que su padre le aconsejó que aprovechara ese tiempo para dedicarse a pintar. 

Al colgar la llamada, Ricardo comenzó a dibujar y a pintar. Con las ventas de esos trabajos logró recuperar el dinero para poder construir su nueva residencia.

Durante meses, luego del paso del huracán María, mientras reconstruía su nuevo hogar, Ricardo y su familia, se hospedaban en la oficina dental de la doctora Concepción Quintero Peña. Ivonne era su empleada y como gesto de solidaridad, la dentista les facilitó el lugar como refugio.

Los cinco domingos después de María

Comerío quedó devastado, no solo porque el ojo del huracán atravesó el municipio, sino que, el Río la Plata, con su furia, arropó las calles y las casas del pueblo; destruyendo todo en su camino. 

La comunidad comerieña se unió y los líderes comunitarios buscaron maneras de ayudar a distraer a la población mediante eventos familiares para el pueblo. Entre los líderes, se encontraba José Romero, propietario de Farmacias Aliadas Romero. El empresario le preguntó a Ricky si quería ser parte del evento.

«Nos presentan la actividad que tenía y le dice, “¿quieres pintar para los niños?” y Ricky dice, “¡Claro!”, y así surgió la idea. Yo digo que ese fue también uno de los inicios en esto y los nenes llegaban y era mágico», recordó Ivonne entre sonrisas.

Ricardo sostiene que, el arte es la mejor medicina para sanar el dolor.

José Romero no tan solo lo adentró a la actividad, sino que, le facilitó un local libre de costo, para que pudiese reconstruir su taller de trabajo.

Esos festivales no solo aliviaron su dolor y le dieron fuerzas para olvidar, sino que, con su arte hacía felices a los demás.

“Tener gente como Ricky Núñez en el casco urbano dándote un poquito de alegría y entusiasmo era maravilloso”, expresó Lizbelia Martínez, portavoz del Centro Cultural de Comerío.

“Cuando él pierde todo, absolutamente todo, la gente no se puede imaginar. Él retoma el control de lo que pueden ser sus metas, sus proyectos, sus finanzas, su techo, su familia, dedicándose al arte. Él no dijo “voy a vender limbers” o “voy a distribuir agua”, pudo haber hecho cualquier cosa y decide hacer una obra que vendió para levantar fondos para tener lo suyo”, añadió.

“Ricky no tiene idea de cuan grande es su legado para Comerío ni para el arte”, agregó la portavoz del Centro Cultural de Comerío.

Durante ese periodo y en menos de un año, con las ventas de su arte, Ricardo pudo reconstruir su hogar.

Escuela Taller de Artes 4 Lunas

Ricardo había logrado su sueño de ser artista y vivir del arte, pero aun permanecía latente ese sueño de querer hacer su escuela de arte y poder ofrecer a otros lo que tanto ama.

Conduciendo por las calles del pueblo, no dejaba de observar los locales que se encontraban aptos para alquilar, siempre soñando hacer su escuela realidad.

Para Ricardo, ser docente no era una opción.

En octubre de 2019, pasando por el pueblo, se percata de un local cerca de su taller que está disponible para rentar. No duda ni un segundo para llamar al dueño. Se ponen de acuerdo con él y lo renta. Durante el huracán, el edificio había estado cubierto por las aguas del río La Plata. Aún las marcas del agua decoraban las paredes de la estructura.

Durante meses se dedicaron a habilitarlo, poco a poco nacía su escuela; la alegría, la ansiedad por terminarla era grande. 

Llegó marzo de 2020 y con él, la pandemia, atrasando todo el proceso para la apertura de la escuela. Pero el encierro y la cuarentena llevó al artista a hacer unos “pinta parties” virtuales, en donde compartía vídeos en vivo, pintando y haciendo actividades de arte. Estos generaron muchos “views” y comenzó a hacerlos con más frecuencia. Veía que muchas familias se conectaban, aprendían y compartían, dándole más fuerzas para acelerar la apertura de la escuela.

El 13 de noviembre de 2020, a las 4:45 de la tarde, se abrieron las puertas de su escuela de arte, Taller de Artes 4 Lunas.

Fueron muchos los sacrificios, fueron muchas las lágrimas, hubo muchas noches de confusión, de corajes y de burlas. Comenzó sin herramientas, comenzó con las manos vacías, pero nada detuvo a Ricardo para hacer sus sueños realidad.

“Desde el punto de vista familiar, yo le digo a mi esposa, mirando atrás, valió la pena todo lo que hemos logrado, todo lo que hemos hecho”, manifestó el artesano.

Fueron muchos los sacrificios, perdieron todo en dos ocasiones, pero el artista nunca dejó de perseguir sus sueños.

Para más información sobre la escuela pueden acceder su página de facebook, Taller de Artes 4 Lunas y para enterarte de eventos en los que el artista participará, pueden seguirlo a través de su página Cricky Art.

*Fotos cortesía de Ricardo Núñez

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